¿A quién debemos orar?

Todo buen cristiano conoce la importancia que tiene la oración y sobretodo su poder pero, ¿a quién debemos dirigir nuestras oraciones? ¿Al Padre, al hijo, nuestro amado Señor Jesucristo? ¿O al Espíritu Santo?

Independientemente de los roles de cada una de estas tres personas, al ser consideradas un solo Dios, ¿a quien de ellos deberíamos dirigir, de forma correcta, nuestras oraciones?

Para encontrar una respuesta debemos acudir a las Escrituras, concretamente a
Lucas 11:1-2 «Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra»

“Padre” En este pasaje de Lucas ya tenemos la primera pista. El propio Jesucristo es quien nos sugiere al enseñarles a orar a quien deben dirigir las oraciones: al Padre, al sumo creador de todas las cosas, y a demás, refuerza su deidad, su poder especificando que “se haga su voluntad tanto en tierra como el cielo” Jesús está reconociendo al Padre como el que tiene el poder sobre ambos medios: cielo y tierra y da a entender que es quien maneja estos medios, no solamente los ha creado, también tiene el dominio total sobre ambos.

En Juan 16:23 podemos leer: «… De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará».

Aquí Jesús vuelve a reafirmar la importancia del padre y de nuevo nos dice que es a Él a quien debemos dirigir nuestras oraciones y que si lo hacemos en nombre de Jesús, nos lo concederá. Con ello deducimos dos cosas: la primera que Dios Padre es a quien debemos dirigir nuestras oraciones y segunda que Jesucristo es tan importante en este proceso como el hecho de orar, es decir: si deseamos que nos sea concedido lo que pedimos, debemos hacerlo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Pero en muchas ocasiones puede que no sepamos como pedir las cosas, o qué forma es la más adecuada de hacerlo y es por ello que entra en juego el tercer ángulo de la Santísima Trinidad: El Espíritu Santo.

Romanos 8:26 «Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles».

El Espíritu Santo, conociendo nuestras necesidades intercede por nosotros ante Dios Padre para pedirle por nuestras necesidades incluso sin que nosotros sepamos aún cuales son éstas.

Pero no solamente los seguidores de Cristo nos beneficiamos de la ventaja de la oración a través de Cristo Jesús, también los judíos, pues por la salvación de todos entregó su vida:

Efesios 2:18 «Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre».

Todos podemos llegar al padre a través de Jesucristo.

Lobos con piel de cordero

En la actualidad es muy común observar la aparición de iglesias cristianas independientes como si de setas se tratara.

Son muchos los que han abandonado iglesias tradicionales protestantes por diversos motivos, la mayoría de ellos centrados en las distintas formas de enfocar la doctrina, el culto o por las relaciones interpersonales con otros miembros o con el pastor.

Es en estos casos cuando alguno o algunos de los integrantes decide marcharse y establecerse por su propia cuenta, es decir: formar una nueva iglesia.

No tiene por que ser un grupo de creyentes los que decidan marcharse, en muchas ocasiones es una sola persona la que “arrastra” a otras fuera de la iglesia y convence a otros para que le sigan, ya que iniciar una nueva comunidad de forma individual es más difícil y complicado, sobretodo desde el punto de vista económico.

Las razones pueden ser diversas: desde casos justificador por problemáticas graves, llamados al pastorado u otros más oscuros y alejados del cristianismo como el simple hecho de crear un negocio y vivir de él.

Estos “nuevos” pastores, habitualmente carecen de unos estudios teológicos fundados en la roca de una institución de prestigio como puedan ser seminarios eclesiásticos tradicionales, escuelas bíblicas de reconocido nombre o instituciones reconocidas con gran prestigio, si no que han obtenido sus credenciales pastorales a través de cursillos online, en seminarios de dudoso reconocimiento o instituciones no reconocidas oficialmente. Algo lógico al buscar una salida rápida a sus pretensiones.

Tengamos en cuenta que el pastor tradicional, el auténtico, pasa años estudiando en un seminario y otros tantos preparándose como ayudante del pastor, y normalmente se suelen quedar en la iglesia a la que pertenecen como sustitutos del pastor en el momento de su jubilación. Es raro que una persona que pasa años y años preparándose se marche a crear su propia iglesia, a no ser que lo haga como misionero y siempre dependiente del consejo de su iglesia nativa.

Por mi propia experiencia, estos centros religiosos suelen centrarse más en la persona del pastor y su entorno más cercano que en la doctrina cristiana. La figura estrella suele ser el pastor y su entorno, en lugar de las Escrituras, Jesucristo, etc.

El comportamiento de estos sujetos suele ser bastante parecido en todos los casos: sus predicaciones suelen basarse en la doctrina del miedo, del temor a una vida eterna en el infierno obviando casi siempre la doctrina del amor, del perdón, de la misericordia y todo aquello positivo que aporta ser cristiano. Suelen ser temas que se repiten una y otra vez, hasta la saciedad.

Otra de las características conductuales comunes en este tipo de iglesias es la habitual opacidad o barreras de cristal en algunos temas, por ejemplo el económico, la gestión doctrinal o las credenciales del propio pastor, esto último siendo algo que nadie se atreve a preguntar pues se enfoca como una falta de respeto al pastor o incluso como cuestionamiento de su autoridad, y en el caso de hacerlo, se suele señalar a la persona como que ha actuado de forma no cristiana.

Muchas de estas iglesias han iniciado su caminar a partir de un núcleo familiar muy concreto: un matrimonio y sus hijos, cuñados, primos, etc. Todo queda en casa, y aunque se suele hacer gala de que las cuentas económicas están a disposición de todos, la realidad es que su opacidad es más que manifiesta ya que es algún miembro de ese núcleo familiar quien lo gestiona todo, sobretodo el tema económico.  

En la mayoría de ocasiones no existe un consejo o asamblea que controle ni las finanzas ni al propio pastor, quedando así inútil que pueda ser censurado o llamado al orden en caso necesario. Todo queda a la suerte de una sola persona, con el riesgo que ello conlleva.

En mi opinión este tipo de organizaciones religiosas son muy peligrosas desde el punto de vista doctrinal ya que navegan en solitario en el inmenso océano de la religión cristiana y corriendo el peligro de sufrir un naufragio al no disponer de radares ni métodos de guía en la inmensidad de su camino. No suelen estar supervisadas por un ente externo e independiente o un consejo superior autónomo que pueda no solamente supervisar, también aconsejar, formarse y plantear distintos puntos de vista doctrinales.

Pero lo que personalmente me parece más peligroso desde el punto de vista de la doctrina cristiana es el hecho de no encontrarse en una iglesia que sea fiel a la Palabra, no solamente en cuanto a transmisión de conocimientos se refiere, si no en el ejemplo transmitido por parte de las personas que gestionan el grupo.

Todos estamos expuestos al error, al fallo y por supuesto al pecado, y no habiendo un órgano gestor que supervise cada movimiento de las personas al cargo de la iglesia, el riesgo a irse apartando poco a poco del centro al que debemos nuestra vida eterna es más que probable.

Nuestra salvación eterna depende en parte, de los conocimientos que recibimos a través de la Palabra escrita en las Sagradas Escrituras, el conocimiento de otros cristianos y sobretodo del pastor de la comunidad a la que pertenecemos a través de sus predicaciones. Muchos creyentes nunca han leído la Biblia, y si lo han hecho ha sido a suerte de sus propias interpretaciones. Todos en algún momento hemos necesitado ayuda para comprender las Escrituras, es normal, ¡nadie ha nacido enseñado! Y hay que reconocer que muchos pasajes cuesta entenderlos o interpretarlos de forma correcta y tener un buen conocimiento de La Verdad.

Hace poco tiempo he vivido en primera persona el proceder de una de estas iglesias aunque quizás lo más correcto sería decir que he sido víctima de su proceder.

El primer contacto fue extraordinario, siendo recibidos como se suele decir, con los brazos abiertos. Conocimos a un pastor que parecía sincero, que dominaba las Escrituras de forma extraordinaria y se interesaba por nosotros.

Al principio, las predicaciones parecían interesantes, pero poco a poco se fueron transformando en la típica doctrina del miedo, algo común en este tipo de iglesias o comunidades religiosas.

El final fue realmente previsible, pues el patrón de estos pastores y responsables de este tipo de iglesias suele ser siempre el mismo: ante la amenaza de ser descubiertos, de que su comportamiento e intenciones puedan ser mostrados de forma plausible ante la congregación y sufran el riesgo de ser desacreditados, el ataque siempre es para ellos la mejor defensa. Como el de la mayoría de animales acorralados.

Para ello, suelen acudir a diversos argumentos para intentar desprestigiarte, aunque su principal objetivo será lograr que te marches de la congregación por ti mismo buscando que te indignes, te enfades o te sientas ofendido. Otras estrategias pueden pasar por insinuar que el maligno está en ti, que es el quien te controla. Otros argumentos igualmente tratarán de desautorizarte o desestabilizarte haciéndote pasar por alguien que está contra la iglesia y que tu interpretación doctrinal es errónea

Es de vital importancia, por tanto, saber identificar este tipo de iglesias, investigar primero quien la ha organizado, si es un grupo familiar o de amigos muy cercanos y si son estos los que mantienen el control desde su fundación sin dar opción a otros asistentes a ocupar puestos de responsabilidad.

Las credenciales del pastor también son de vital importancia para descubrir este tipo de instituciones religiosas. Conocer su trayectoria, intentar seguirla a través de las redes puede ayudarnos a hacernos una idea de la seriedad de esta figura tan importante dentro de la iglesia.

Hoy en día podemos ver predicaciones online y consultar la exposición doctrinal de las iglesias de nueva creación, lo que puede ayudarnos en parte a descubrir si son legítimas o no.

Debemos tener en cuenta que nuestra salvación puede depender de la información que recibamos a través de estas personas que pueden condicionarla según sus intereses personales, en lugar de perseguir la salvación de toda la comunidad por encima de sus intereses como persona.

En nuestros tiempos nacen nuevas iglesias como setas en el bosque, pero del mismo modo que no todos los hongos son comestibles, no todas las iglesias son de Dios.

Atención con los lobos con piel de cordero.

El porqué de Jesús

Cuando Dios creó el mundo1 lo hizo con el amor y generosidad suficientes como para que el hombre (el ser humano) respondiera del mismo modo y con el respeto y agradecimiento por todo lo que Dios le había dado.

Lo formó con sus propias manos2 con barro del propio mundo que había creado para él, le insufló vida, le dio una compañera3 para que no estuviera solo y para que tuviera una vida placentera y abundante lo puso en el jardín del Edén4, en el que había todo aquello que necesitaba: comida, abrigo y protección.

Lamentablemente no fue así: el hombre desde el inicio de sus tiempos desobedeció a Dios, tomó y comió del árbol de la vida5 desobedeciendo la única norma que el Padre le dio: «mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás». Gn 2:17.

Pero no quedó ahí la cosa, el hombre, a través de los siglos ha tendido a separarse de Dios. Unas veces poco a poco, otras de forma más pronunciada. Lo hizo cuando el hombre deseaba alcanzar a Dios en los cielos6, en el desierto tras liberarlo de la opresión de Egipto7, en Sodoma8, cuando la Esposa de Lot miró atrás9, Israel en el desierto10-11-12 y un largo etcétera que haría este escrito casi interminable.

A pesar de ello, Dios se ha reconciliado con el hombre por el amor que siente por él, por nosotros. Tomó la iniciativa sin que el hombre hiciera nada por merecerlo, más bien todo lo contrario pues como hemos visto siempre se ha inclinado por separarse de Él, y a pesar de ello Dios no ha cesado en sus intentos por acercarse a nosotros, hasta que decidió dar un paso único en la historia para el perdón de todos nuestros pecados: enviarnos a su único hijo para que a través de él fuéramos salvados y tengamos vida eterna.

Dios estableció las reglas de la salvación13 , la única manera para conseguirla es Jesús. Creen el Jesucristo como nuestro único salvador y mediador entre nosotros y el Padre.

Ahí radica la importancia de Jesucristo: que a pesar de nuestra maldad, de nuestros pecados y de nuestra inclinación a separarnos de Dios, Él no ha cesado en sus intentos por mantenernos a su lado y como último acto universal para conseguirlo nos mandó a su hijo hecho hombre para la redención de nuestros pecados y darnos la opción de ser salvos a través de él.

Jesús vino a la tierra despojándose de toda divinidad para demostrar el amor de Dios padre por nosotros. Vino a enseñarnos cual es el verdadero camino hacia Dios, como debíamos conducirnos y vivir para no separarnos de Él, y como remate dio su propia vida, conduciéndose voluntariamente a la cruz para el perdón de nuestros pecados.

¿Qué más podemos pedir? A pesar de nosotros, Dios nos ama y nos ha perdonado por todos los pecados de nuestros padres y de nosotros mismos. A cambio solamente nos ha pedido una cosa: Creer en Cristo Jesús como único salvador, no apartarnos de su ley y por lo tanto no pecar más14.

Base bíblica:

1: En el principio creó Dios los cielos y la tierra Gn 1:1
2: Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Gn 2:7
3: Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Gn 2:22
4: Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Gn 2:15
5: «Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella». Gn 3:6
6: Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. Gn 11:4
7: ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, Lo enojaron en el yermo! Y volvían, y tentaban a Dios, Y provocaban al Santo de Israel. No se acordaron de su mano, Del día que los redimió de la angustia; Cuando puso en Egipto sus señales, Y sus maravillas en el campo de Zoán; Sal 78:40-43
8: Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad. Gn 19:15
9: Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal. Gn 19:26
10: (…) y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Nm 14:11
11: Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Dt 8:2
12: Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel. Jos 5:6
13: Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Jn 14:6
14: (…) Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más. Jn 8:11

La gracia de Dios

Mucho se habla de la gracia de Dios, sobretodo de la necesidad de ella para ser salvos pero muchas veces no comprendemos en que consiste, de que se trata, de quien depende y qué podemos hacer nosotros para conseguirla.

La palabra gracia proviene de la palabra griega «χάρις» (charis), que significa «favor, bendición o bondad». Podríamos resumir en palabras sencillas la gracia de Dios como el favor que nos otorga o la generosidad que nos concede por que Él quiere hacerlo, sin estar supeditado por nosotros.

«En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con dominio propio, justicia y devoción». Tito 2:11-12

Si analizamos este versículo de Tito observaremos primero que la gracia proviene de Dios: «Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia»; Que la Gracia es para toda la humanidad: «(…) a toda la humanidad su gracia». Que la gracia es salvación y nos enseña a rechazar la impiedad y pasiones mundanas, es decir, nos aparta de todo aquello que es mundano y no agrada a Dios como los vicios, el pecado, la envidia, el odio, etc.: «(…) la cual trae salvación y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas». Y para finalizar nos dice que, de este modo, a través de la gracia podremos vivir como le agrada al Padre: Lejos de las pasiones mundanas, es decir con dominio propio sin estar dominados por vicios y el pecado y por ello con justicia y devoción.


Habiendo analizado con detalle este versículo deducimos que la gracia de Dios es divina, que proviene de Él y que es un regalo para el hombre y que trata de mejorar nuestras vidas y conducirnos en el camino de la vida eterna. «Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe. Esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios y no por obras, para que nadie se jacte». Efesios 2:8-9

«Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!» Ef 2:4-5

Dios sabe perfectamente que somos pecadores, que nos cuesta apartarnos del camino del mal y seguir el que nos ha marcado hacia Él y a pesar de ello, por su amor por nosotros nos dio a Cristo para que con su muerte en la cruz también murieran nuestros pecados, y todo ello lo hizo por gracia, por que nos quiere. Todas estas acciones de Dios es los que llamaríamos la gracia de Dios.

También vemos su gracia por que nos ha escogido (llamado) a una vida santa, a una vida basada en su amor, mandamientos y preceptos, y ello es posible por la gracia de Dios, no por lo que nosotros podamos hacer. El ser humano podrá hacer mil cosas para conseguir el agrado de Dios, pero solamente de Él depende que nosotros recibamos su gracia.

Dios, al haber existido desde siempre, incluso antes de todos los tiempos, ya sabía que nos iba a conceder la gracia de Cristo Jesús.

«Pues Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia. Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo». 2Tim 1:9

En resumen, diremos que la gracia de Dios es un regalo suyo, que nada podemos hacer para conseguirla puesto que depende íntegramente de Él y que su función es la de ayudarnos, conducirnos, en definitiva: darnos aquello que necesitamos.

Albert Sabater Pla

El bien, el mal y el libre albedrío.

Muchas veces hemos oído, o incluso dicho la frase “si Dios existe, ¿por qué permite esta u otra desgracia?”; “¿Por qué Dios permite que los niños mueran?”; “¿Por qué permite las guerras?” …

Dios no creó el mal, todo lo contrario, nos ha intentado conducir a una vida santa y de hecho las Sagradas Escrituras son una muestra de este mensaje en cada una de sus páginas. Pero mientras Dios ha intentado siempre acercarse a nosotros, el ser humano ha hecho todo lo contrario, cuando le ha convenido se ha ido alejando de Él poco a poco. Una muestra gráfica la tenemos en la obra del pintor Miguel Ángel “la creación de Adán”, en la que Dios hace todo lo posible por tocar el dedo del hombre, estirándose para llegar hasta él, pero el hombre, con el cuerpo relajado, parece no tener interés por tocar con su dedo a Dios. Dios quiere al hombre, intenta llegar hasta él con esfuerzo, y a pesar de su divinidad, de su poder, su omnipotencia le tiende la mano, pero el hombre muestra el mínimo interés, como si no le importara, como si no le necesitara para nada, cuando en realidad el hombre necesita a Dios para todo.

Creo que esta obra es una muestra gráfica que plasma perfectamente la relación de Dios con el hombre, y el hombre con Dios: mientras el poderoso, que no tiene necesidad alguna de la existencia del hombre, le tiende la mano mostrando su amor, generosidad, humildad… el hombre sigue mostrando su soberbia y desinterés en Dios.

Entonces, ¿Por qué existe el mal, el dolor, el sufrimiento?

La explicación a esta pregunta consta de dos partes:

El mal no ha sido creado por Dios si no que es una consecuencia de esa separación del hombre con Dios, que no de Dios con el hombre puesto que, como ya he dicho siempre ha intentado acercarse a nosotros por tanto, podríamos decir, en cierto modo que es el hombre el creador del mal como causa directa de la separación de éste con Dios.

El apóstol Pablo nos dejó claro en su carta a la iglesia de Galacia cual es nuestro llamado en el mundo: somos libres, pero para hacer el bien, no para dar rienda suelta a los instintos humanos: «Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.». Gl 5:13-15
Pero no es necesario ir a un punto tan avanzado en las SS.EE., ya en el libro del Exodo, el segundo libro de la Biblia i del Pentateuco, que coincide con La Torá, la ley judía, Dios nos da un decálogo en forma de diez mandamientos con unas normas a seguir. Quizás nunca hemos pensado en ello de esta forma pero los diez mandamientos no son más que unas normas para no alejarnos del amor de Dios. Una guía para seguir a su lado ya que si amamos a Dios sobre todas las cosas, no tomamos su nombre en vano, santificamos las fiestas, honramos a nuestros padres, no matamos, no cometemos actos impuros, no robamos, no damos falso testimonio ni mentimos, no consentimos deseos ni pensamientos impuros y no codiciamos bienes ajenos estaremos siguiendo sus normas para seguir a su lado.

Pero cuando rompemos esas normas, cuando mentimos, cuando tenemos pensamientos impuros, cuando no honramos a nuestros padres… estamos creando un conflicto entre nosotros y Dios, por lo tanto, somos nosotros los que nos separamos de Él y no Él de nosotros.

La segunda parte de la explicación es el libre albedrío. Nuestro Dios no es un dios controlador, permite que nosotros elijamos, que nosotros decidamos el camino que queremos tomar: seguir sus instrucciones y hacer el bien o decidir por nosotros mismos y apartarnos de su lado. «Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides». (Dt 31:8) Como podemos leer en este versículo del libro del Deuteronomio, Moisés nos deja claro que Dios estará a nuestro lado siempre, pero no controlará nuestro pensamiento ni decisiones, más nos dejará que seamos nosotros los que elijamos el camino de nuestras decisiones y, por tanto, de nuestras vidas.

Por esta razón, cuando decimos “¿Por qué Dios permite las guerras?” estamos errando en el planteamiento del asunto ya que no es Dios quien permite las guerras, somos nosotros los que las provocamos apartándonos de su lado y de la Ley. «Escogí el camino de la verdad; He puesto tus juicios delante de mí». Sal 119:30 Dios ha puesto a nuestra disposición la libertad de elegir caminos y nos ha dado una Ley según la cual debemos conducirnos, pero somos nosotros los que escogemos no obedecer esta Ley y apartarnos del camino correcto.

¿Y por qué permite las desgracias como las enfermedades, la muerte de seres queridos, de niños, de inocentes…?

Como ya he dicho, Dios ha permitido siempre el libre albedrío, y ello comporta no ser un dios controlador que maneja a su antojo un mundo de autómatas que viven según Él los ha programado. Esto supone tanto cosas positivas para el hombre como poder decidir, elegir, etc. y cosas que a nuestros ojos no lo son, como los conflictos humanos, las guerras, la maldad, y todo aquello supeditado al azar como las enfermedades, los destres…

Pero, ¿y los niños? Sin duda los niños son lo que más nos preocupa a todos por su indefensión ante el mundo y sobretodo por el hecho de no tener la oportunidad de haber vivido una vida larga, y por tanto no haber experimentado las cosas que la edad nos aporta: el amor de una pareja, ser padres o madres, trabajar, tener amigos… Como cristianos debemos de partir del hecho que nuestro objetivo de vida debe ser la salvación de nuestras almas. Ninguno sabemos cuanto tiempo estaremos en este mundo, pero lo único cierto es la salvación o la condenación y esto sí está en nuestras manos.

Como dijo Jesús, para entrar en el Reino de los Cielos debemos ser como los niños, es decir, puros, sin pecado cometido de forma consciente: Llevaron unos niños a Jesús, para que pusiera sobre ellos las manos y orara por ellos; pero los discípulos reprendían a quienes los llevaban.

«Entonces Jesús dijo:

–Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos. » Mt 19:13-14

 Por tanto, si creemos en Jesucristo como nuestro único salvador y en la resurrección prometida por Dios, debemos estar tranquilos por que los niños serán salvos, según sus promesas.

Que con ojos humanos nos llena de tristeza es innegable, pero visto con los ojos del Dios Salvador, llegar impoluto a la vida eterna es un privilegio que seguro tiene recompensa.

Cuando nos preguntamos por qué Dios permite esto o lo otro, deberíamos indagar en nuestros corazones si preferimos un dios controlador que no nos permita hacer lo que queremos, en el que todo sea perfecto, es decir: una farsa o un dios que nos ofrece el camino de la verdad y la vida y nos permite elegir.

Albert Sabater Pla

La salvación

La salvación es uno de los pilares más importantes en el cristianismo. Todos los creyentes aspiramos a ella como coronamiento de nuestra vida cristiana, aunque a veces no sabemos muy bien en qué consiste, como llegar a ella o cual es el proceso, si es que existe.

En rasgos muy amplios y un lenguaje breve y sencillo, podríamos decir que la salvación es el acceso a la vida eterna, es decir, vivir junto a Dios por siempre, no morir nunca.
«Os aseguro que quien cree tiene vida eterna. Yo soy el pan que da vida. Vuestros antepasados comieron el maná en el desierto, y sin embargo murieron; pero yo hablo del pan que baja del cielo para que quien coma de él no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre». Jn 6:47-59

«Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir». 1Cor 15:22

Que nuestro cuerpo terrenal tiene una duración determinada es un hecho, pero cuando hablamos de vida eterna desde el punto de vista cristiano, nos referimos al espíritu, a nuestra alma y ésta puede vivir eternamente junto a Jesucristo, según fue su promesa.

«En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros». Jn 3:16

La forma de conseguir ser salvo según las Sagradas Escrituras es clara y concisa a pesar de que en algunas corrientes cristianas las han interpretado de forma incorrecta.

Según la corriente católica la salvación se consigue principalmente, y me atrevería a decir que únicamente, a través de nuestro buen comportamiento, la realización de obras y en cierto modo las limosnas. La etimología de la palabra limosna Procede del griego ἐλεημοσύνη que en su origen significaba “piedad, compasión” por lo tanto, al tratarse de una buena obra es uno de los preceptos que ayudan a conseguir la salvación.

Pero para comprender de forma correcta la forma de ser salvo es mejor acudir a la fuente de información más fiable, las Sagradas Escrituras que, escritas por la mano de Dios nos indican sin lugar a dudas cual es el camino correcto.

Según el texto sagrado la salvación solamente procede de Dios, «Pero que todos los que te buscan se llenen de alegría; que cuantos desean tu salvación digan siempre: “¡El Señor es grande!”» Sal 40:16 Según esta cita bíblica la salvación está en su mano, es algo de su propiedad, por eso cita: “su salvación” y no “la salvación” puesto que “su” es un pronombre posesivo y en este caso a quien se refiere la posesión es a Dios.

No obstante, también hay otra variable que interviene en el rol de la salvación y que se erige como parte indispensable para conseguirla: la fe en Cristo Jesús, es decir: debemos creer en Jesucristo como hijo unigénito de Dios, que vino a la tierra y vivió entre nosotros dando su vida por el perdón de nuestros pecados.  «De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida». Juan 6:47-48. Aquí el apóstol Juan deja claro que para conseguir la vida eterna debemos creer en Jesús como nuestro único salvador. No nos proporciona otras condiciones u otros caminos, solamente la fe en Jesús.

Dicho de otra manera, la salvación es un regalo de Dios para todos aquellos que creen en Jesús como camino hacia el padre, como único salvador de nuestras almas. «Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte». (Efesios 2:8-9)

El apóstol Pablo en esta carta enviada a los Efesios, deja claro que la salvación viene por la gracia de Dios, favor gratuito e inmerecido de Dios, y que nada depende de nosotros para obtenerla ya que es un regalo. Especifica claramente que no se puede obtener por obras humanas solamente puesto que es un acto de su bondad y grandeza. Todo énfasis de la salvación está puesto en Cristo que es el objeto de la fe y no en la cantidad de ésta.

Debemos tener muy claro que la obra de la reconciliación viene de Dios, no de nosotros. Es Él quien nos ha tendido la mano para salvarnos cuando nosotros nos hemos separado de él por el pecado.

En resumen, solo Dios salva, pero para ello nosotros estamos supeditados a tener fe en Cristo Jesús y a la gracia de Dios.

La oración

La oración es la forma de comunicarnos con Dios. Para pedirle cosas, para ofrecerle nuestra vida y para agradecerle todo aquello que hace, ha hecho y hará por nosotros.

Como no podemos hacerlo a través de un teléfono, un email o un fax, esta es la mejor forma de hacerlo y a demás, la única descrita en las Sagradas Escrituras como forma válida de hablar con nuestro Padre que está en los cielos: «Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que, si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, él nos oye». 1 Jn 5:14 Dios escucha todo aquello que es conforme a su voluntad, pero ¿qué significa exactamente “conforme a su voluntad”? en pocas palabras: aquello que es de su agrado. Lógicamente no va a escuchar una oración en la que le pidamos algo malo o que perjudique a otros, sean o no creyentes.

La oración no debe ser interpretada como un castigo, una forma de penitencia como entienden algunos sectores cristianos, si no todo lo contrario, debe ser tenida en cuenta como un deleite, una bendición puesta por Dios a nuestro alcance para comunicarnos con Él. El propio Jesús la utilizaba para comunicarse con el Padre. ¡Jesús, Dios hecho hombre! ¿por qué nosotros no vamos a hacer lo mismo?
«Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba». Mc 1:35

El propio Jesucristo sabía que la oración era poderosa y el medio correcto de hablar con el Padre.

Orar es confiarlo todo al Padre: nuestros deseos y anhelos, nuestras alegrías y nuestras preocupaciones y problemas que no sabemos como resolver desde nuestra posición humana, pero que Él puede resolver pues dispone de más recursos que nosotros. No solamente más, si no de ¡todos! pues es el creador de todas las cosas, incluso del tiempo, por lo que la oración se convierte en el puente entre Dios y los hombres.

Al orar no debemos pedirle a Dios que cambie las circunstancias, si no nuestros corazones. Dios no cambiará nuestros problemas, nuestras enfermedades o conflictos diarios, pero si lo hará en cómo afrontamos todas estas dificultades, si se lo pedimos.

Si, por ejemplo, hay una persona que nos atormenta, con la que no nos llevamos bien, no le pidamos que cambie a esa persona, pidámosle que nos ayude a entenderla, a tener compasión, comprensión y de esta forma no solamente agradaremos a Dios, también resolveremos los conflictos con esa persona.

Utilicemos la oración para tomar decisiones. Pongamos todo en manos de nuestro Padre. ¿Quién mejor que Él para cuidarnos? «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?» Mt 7:11

Yo solo me imagino a Dios dándonos cosas buenas. Quizás no en la medida que nosotros deseamos, quizás no en el tiempo en que nosotros quisiéramos, pues debemos tener en cuenta que los tiempos de Dios no son los nuestros y que solamente los suyos son justos y perfectos.
Por tanto, antes de decidir algo, ponlo en oración. Cuéntaselo a Dios y Él pondrá en tu corazón el camino correcto. «Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración y lo obtendrán.» Mc 11.24

Pero, ¿cómo debemos orar? Lo mejor es buscar un lugar tranquilo donde otros no os puedan molestar y podáis tener plena comunión con el Padre: en la intimidad de nuestra habitación, por ejemplo, o cuando no haya nadie en casa.  «Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa». Mt 6:5

Para orar solo debemos hablar con Dios igual que lo haríamos con nuestro padre terrenal, contándole nuestras cosas, pidiéndole aquello que necesitamos o dándole las gracias por todo aquello que nos da día a día.
No es necesario expresarse con grandes palabras, un lenguaje rebuscado o términos y vocablos cultos, pues lo que al Padre le gusta no es el continente, es el contenido de nuestro mensaje, de nuestra oración. Lo que le agrada es el mensaje que queremos hacerle llegar, no como lo vestimos o envolvemos.

Y si en alguna ocasión no encontramos las palabras adecuadas por que nuestro corazón está tan afligido que nos cuesta incluso pensar, Jesús nos dio la oración perfecta para hablar con Dios: el Padre Nuestro. «Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos». Lc 11:1

¿Es la oración seguridad de concesión? Jesús nos prometió que todo aquello que pidiéramos en su nombre nos iba a ser concedido, no obstante, orar no significa que Dios nos va a conceder todo aquello que le pidamos en el momento que nosotros deseemos, aunque sea de su agrado, pero sí es seguridad de que va a escucharnos. «Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo». Jn 14:13

El poder de concesión está en las manos de Dios, no en las nuestras y es Él quien decide si nos va a conceder o no aquello que deseamos. No obstante, debemos orar siempre para agradarle, para demostrarle que le amamos y que forma una parte privilegiada en nuestras vidas: que contamos con él para todo, que dependemos de él y le necesitamos.

El poder de la oración es real y necesario: «No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús». Fil 4:6-7

Es escuchada: «Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que, si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, él nos oye». 1 Jn 5:14

«Clama a mí y te responderé; te daré a conocer cosas grandes e inaccesibles que tú no sabes». Jer 33:3

Es funcional: «Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración y lo obtendrán». Mc 11:24

Es nuestra esperanza: «Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración». Ro 12:12

Nos acerca al Padre: «El Señor está cerca de quienes lo invocan, de quienes lo invocan en verdad». Sal 145:18

«(…)Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;» Ef 6:17-18

Albert Sabater Pla
Fuente citas: RV1960

Hijos de Dios y criaturas de Dios.

Cuántas veces habremos escuchado estas palabras: «Todos somos hijos de Dios».

Aunque sea una frase citada en muchas ocasiones debemos diferenciar entre lo que desde el punto de vista teológico-cristiano se considera una «criatura de Dios» y lo que se considera ser un «hijo de Dios».

Entendemos como «Criatura de Dios» cualquier ser vivo creado bien sea un animal irracional o el propio ser humano.

En cambio, ser «hijo de Dios» comprende a todas aquellas personas que creemos en Él, guardamos sus mandamientos celosamente y mantenemos una relación genuina con Dios.

Ser hijo de Dios es creer que Dios es el creador y Señor de todas las cosas, que Jesucristo es el Salvador a través del cual se llega al padre como único interlocutor (Jn 14:16)

El resto solamente son criaturas de Dios. Criaturas que el Señor ha creado, igual que ha hecho con el resto de seres vivos, los animales, las plantas e incluso las piedras. Son seres sintientes, algunos incluso racionales, más o menos, pero lo que les diferencia de ser verdaderos «Hijos de Dios», es el camino interior que han tomado éstos al creer que hay un solo Dios, un solo hijo, Jesucristo, que dio su vida por nuestra salvación y un solo Espíritu Santo que se mueve entre nosotros.

Parece una tontería, pero creer en todo esto es lo que llamamos fe, y precisamente la fe consiste en creer en algo que no se ve.

Si cerramos los ojos en un día soleado no veremos directamente el sol, pero sentiremos su presencia en forma de calor así mismo, aunque no podamos ver a nuestro Dios físicamente sentimos su presencia, su mano invisible que nos guía y nos cuida. Sentimos como nuestras vidas se transforman a través de la oración y nuestras almas son esculpidas por su mano.

El hijo de Dios le conoce y le obedece, hace todo lo posible por agradarle, seguir sus mandamientos, enseñanzas y disposiciones recogidas en las Sagradas Escrituras, las cuales cree que son escritas bajo la propia inspiración de Dios (2Tim 3:16).

El hijo de Dios es llamado y apartado del resto del mundo para tener una relación genuina, sincera y noble con Dios para agradarle y amarle.

Pero lo mejor de todo no es solamente lo que convierte un ser humano en hijo de Dios, es que al serlo Dios te va a conocer y cuidará de ti (Jn 10:14-15), como todo padre cuida de sus hijos (Mt 7:11) y tenga vida eterna (Jn 3:15-16).

Y con esto cerramos el círculo: Creer en Dios es tener fe, y por fe seremos salvos. Tener fe en Dios nos transforma de criaturas de Dios en hijos de Dios.

Albert Sabater Pla

Diálogo entre fe y razón

La polémica está servida en el tema entre fe y razón, sobretodo hoy en dia, ante el conocimiento humano, los avances tecnológicos y científicos. No se puede negar que existe un notorio descenso de los valores éticos y morales. Esta pérdida de valores, seguramente a causa de un auge de las ciencias, es quizás lo que pone en peligro ese equilibrio entre fe y razón. Son evidentes los momentos de crisis por los que pasan las grandes religions, quizás por ello ahora mas que nunca hay que volver a recuperar estos valores: Creer y entender.
A diario hablo con gente que dice no creer en absoluto en Dios, quizás con estos debamos empezar con la razón para que su minúscula fe, vaya creciendo. Sea como sea, lo cierto es que debe haber un dialogo abierto y sin miedo entre fe y razón.
Dialogar es entenderse y la mejor forma de hacerlo es con fe y razón. “Dios es amor”, el amor es fe es un Dios bueno, no castigador como se creia antaño, y al amar, puedes razonar. Cuando entiendes (razonas) tu fe aumenta. 

Juan Pablo II

Para Juan Pablo II es muy importante el encuentro personal y humano con Dios, un encuentro no solo reservado a los místicos, sino que es el centro de toda vida cristiana. Llegamos a su conocimiento no de la misma forma que conocemos un objeto, sino  de la forma en la que conocemos a una persona, a través de nuestra propia entrega en la relación. Al igual que dos personas que se aman, que llegan a conocerse una a otra, viviendo incluso en su interior, pero sin perder sus identidades únicas. Llegados a este punto, me gustaría, a nivel personal, citar un poema de  Khalil Gibran, Sobre el amor y el matrimonio, de su obra El Profeta, que creo que expresa esta idea de “unidad separada” de una forma muy grafica y entendible:


(…)
Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga,
porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.
Y estad juntos, pero no demasiado juntos,
porque los pilares del templo están aparte.
Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.”

Este poema, siempre me ha inspirado en el hecho de que como en el matrimonio, la fe y razón deben ir juntas, pero estar aparte. Aprender una de otra, pero saber diferenciarlas, en definitiva: convivir con armonía.
Creo que esta cita del propio Juan Pablo II apoya mi afirmación : “Se confirma una vez más la armonía fundamental del conocimiento filosófico y el de la fe: la fe requiere que su objeto sea comprendido con la ayuda de la razón; la razón, en el culmen de su búsqueda, admite como necesario lo que la fe le presenta.”
Según Wojtyła, “no es inoportuna, por tanto, mi llamada fuerte e incisiva para que la fe y la filosofía recuperen la unidad profunda que les hace capaces de ser coherentes con su naturaleza en el respeto de la recíproca autonomía. A la parresía de la fe debe corresponder la audacia de la razón.”

Benedicto XVI
El Papa emérito Benedicto XVI aseguró que solo “si la razón y la fe avanzan juntas de un modo nuevo”, el hombre podrá superar los peligros que emergen de las “nuevas posibilidades abiertas a la humanidad”.
Se tendrá éxito al hacerlo solo si la razón y la fe avanzan juntas, pero de un modo nuevo, y si superamos la limitación impuesta por la razón misma a lo que es empíricamente verificable, y si una vez más generamos nuevos horizontes.
Según Joseph Ratzinger, la teología pertenece correctamente a la universidad y está dentro del amplio diálogo de las ciencias, no solo como una disciplina histórica y ciencia humana, sino precisamente como teología, como una profundización en la racionalidad de la fe. El camino para llegar a Dios es la razón, razonemos pues para llegar a él a través de la fe.

Puedo afirmar que tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI defienden la idea de que fe y razón deben caminar en armonía, a continuación hago un breve resumen del enfoque de cada uno de los autores de este curso:

Miguel de Unamuno: Razón + fe = estabilidad, conciliación. Para Unamuno, la razón humana sin fe no es posible. Debe ser una mezcla de ambas para que haya conciliación. El papel que le adjudica Unamuno a la razón sin la fe es la inestabilidad, la locura. Se acerca al equilibrio de Juan Pablo II y Benedicto XVI


San Agustín: Entre fe y conocimiento, la prioridad es la fe, aunque una fe sin razón no puede llegar a madurar del todo. Aunque la prioridad sea la fe, estaba unida a la racionalidad, evitando caer en el fideísmo que no piensa, ni en el racionalismo que no cree. Aquí también identifico un equilibrio al estilo de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI


Pablo de Tarso: Admite la posibilidad de que la razón humana pueda conocer la providencia de Dios, pero afirma, que ésta posee poco valor, si se la compara con la plenitud de conocimiento proveniente de la revelación. Con ello muestra la superioridad de la fe frente a la razón.

Juan: La palabra es el centro.

Justino: En la reflexión antropológica Justino integra la filosofía de su tiempo con la nueva fe asumida. Justino, no tiene como centro una mera descripción ontológica, sino más bien la inserción del hombre en la economía de la salvación. De esta manera asume los aportes del platonismo, aunque rechazando aquello que suponga una antropología dualista: la semejanza al Logos del hombre integro será́ el hilo conductor de toda su antropología.

Tertuliano: Tertuliano rechaza a los filósofos paganos, Sin embargo, esto no implica que Tertuliano no utilizara argumentos de la filosofía para su exégesis y refutación. Tampoco niega que la filosofía alcance verdades, aunque sin reconocerles gran mérito.

San Agustín: humanismo profundamente arraigado en el trato con Dios: «Ora como si todo dependiera de Dios y trabaja como si todo dependiera de ti”. Pero su fe estaba unida a la racionalidad, evitando caer en el fideísmo que no piensa, ni en el racionalismo que no cree. Fe y razón es el tema determinante de la biografía de San Agustín.

Dionisio el areopagita: Dionisio tiene también una preocupación por el razonamiento de la fe, pero está menos interesado que San Agustín en la teología y la eclesialidad, subrayando más la filosofía y la razón que se afirman en la fe.

San Anselmo: De formación Agustiniana, le acercará a su intuición filosófica más característica: la búsqueda del entendimiento racional de aquello que, por la fe, ha sido revelado.

Santo Tomas De Aquino: Reconoce la particularidad y la independencia de esos dos campos, por lo que cada una de ellas tendrá su objeto y método propio de conocimiento. La filosofía se ocupará del conocimiento de las verdades naturales, que pueden ser alcanzadas por la luz natural de la razón; y la teología se ocupará del conocimiento de las verdades reveladas, de las verdades que sólo puede ser conocidas mediante la luz de la revelación divina. Seguramente el equilibrio mas perfecto entre fe y razón

Blaise Pascal: Pascal confía en la razón correctamente dirigida, una razón que sabe donde buscar y que conoce su lugar. Lo que intenta resaltar en los Pensamientos es la necesidad de conocer ciertos limites, tanto por humildad como para ser capaces de avanzar desde el conocimiento racional hacia el conocimiento por la fe.

René Descartes: Fe y razón se unen de tal modo que los principios de la fe son demostrados por la razón

Se tiende a considerar a Descartes, con su filosofía racionalista, como el iniciador de la filosofía moderna.

Søren Kierkegaard: La obra de Kierkegaard es está al servicio del cristianismo, para averiguar su nucleridad y la implicación en la vida práctica.  A su juicio la fe “es la única fuerza capaz de vencer al porvenir”, Hablar de fe es hablar de espera, y a esta última la acompaña la noción de porvenir. La fe es el estadio mas elevado de la realidad, siendo razón y fe incomunicables.

Friedrich Schleiermacher: Fe y razón son autónomas. La religión surge directamente del sentimiento de lo infinito. Es considerado un precursor de la fenomenología de la religión. Negó que fuera posible conocer a Dios por medio de la razón. El lugar para conocer a Dios era la ética y la moral.

Karl Barth: Para Bart no es posible recurrir a la analogía del ser, siendo solo posible la fe. Solo ésta y a través de la biblia, se puede hablar y nombrar a Dios.

Paul Tillich: Graduado en filosofía y teología, propuso una “teología de la cultura” en la cual, mediante el método de correlación, se pueda establecer un puente desde el mensaje cristiano y “la situación” “la revelación final no destruye la razón; es la plenitud de la razón. Libera a la razón del conflicto entre la heteronomía y la autonomía ofreciendo la base de una nueva teonomía, y libera a la razón del conflicto entre el absolutismo y el relativismo…”
Siempre he sido un “fan” de Juan Pablo II, y ciertamente coincido plenamente con la forma de enfoque de fe y razón que comparte junto al Papa emérito Benedicto XVI. Mi opinión es que debe haber un equilibrio entre ambas. Debe existir una fe, que instruída por la razón aumentará. Creo plenamente en el concepto “si creeis entenderéis. Pore so creo que debe haber un tanto de fe, para entender.

Albert Sabater Pla


Fuentes:
-Khalil Gibran, El profeta, el matrimonio
-Encíclica de Juan Pablo II sobre las Relaciones entre Fe y Razón.
14 de Septiembre de 1998
–http://www.aciprensa.com
-Viviana Laura Félix  “La relación entre razón y revelación en la antropología de Justino mártir “Pontificia Universidad católica argentina
-http://www.mercaba.org
-http://es.wikipedia.org
-El papel de la razón en el conocimiento de dios en pascal y Kierkegaard, por María Inés Bayas, licenciada en Filosofía.
-Biblioteca Kierkegaard, Argentina http://www.sorenkierkegaard.com.ar
Alberto Fernando Roldán. Director de posgrado en la Facultad Internacional de Educación Teológica. B.A.