La salvación

La salvación es uno de los pilares más importantes en el cristianismo. Todos los creyentes aspiramos a ella como coronamiento de nuestra vida cristiana, aunque a veces no sabemos muy bien en qué consiste, como llegar a ella o cual es el proceso, si es que existe.

En rasgos muy amplios y un lenguaje breve y sencillo, podríamos decir que la salvación es el acceso a la vida eterna, es decir, vivir junto a Dios por siempre, no morir nunca.
«Os aseguro que quien cree tiene vida eterna. Yo soy el pan que da vida. Vuestros antepasados comieron el maná en el desierto, y sin embargo murieron; pero yo hablo del pan que baja del cielo para que quien coma de él no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre». Jn 6:47-59

«Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir». 1Cor 15:22

Que nuestro cuerpo terrenal tiene una duración determinada es un hecho, pero cuando hablamos de vida eterna desde el punto de vista cristiano, nos referimos al espíritu, a nuestra alma y ésta puede vivir eternamente junto a Jesucristo, según fue su promesa.

«En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros». Jn 3:16

La forma de conseguir ser salvo según las Sagradas Escrituras es clara y concisa a pesar de que en algunas corrientes cristianas las han interpretado de forma incorrecta.

Según la corriente católica la salvación se consigue principalmente, y me atrevería a decir que únicamente, a través de nuestro buen comportamiento, la realización de obras y en cierto modo las limosnas. La etimología de la palabra limosna Procede del griego ἐλεημοσύνη que en su origen significaba “piedad, compasión” por lo tanto, al tratarse de una buena obra es uno de los preceptos que ayudan a conseguir la salvación.

Pero para comprender de forma correcta la forma de ser salvo es mejor acudir a la fuente de información más fiable, las Sagradas Escrituras que, escritas por la mano de Dios nos indican sin lugar a dudas cual es el camino correcto.

Según el texto sagrado la salvación solamente procede de Dios, «Pero que todos los que te buscan se llenen de alegría; que cuantos desean tu salvación digan siempre: “¡El Señor es grande!”» Sal 40:16 Según esta cita bíblica la salvación está en su mano, es algo de su propiedad, por eso cita: “su salvación” y no “la salvación” puesto que “su” es un pronombre posesivo y en este caso a quien se refiere la posesión es a Dios.

No obstante, también hay otra variable que interviene en el rol de la salvación y que se erige como parte indispensable para conseguirla: la fe en Cristo Jesús, es decir: debemos creer en Jesucristo como hijo unigénito de Dios, que vino a la tierra y vivió entre nosotros dando su vida por el perdón de nuestros pecados.  «De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida». Juan 6:47-48. Aquí el apóstol Juan deja claro que para conseguir la vida eterna debemos creer en Jesús como nuestro único salvador. No nos proporciona otras condiciones u otros caminos, solamente la fe en Jesús.

Dicho de otra manera, la salvación es un regalo de Dios para todos aquellos que creen en Jesús como camino hacia el padre, como único salvador de nuestras almas. «Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte». (Efesios 2:8-9)

El apóstol Pablo en esta carta enviada a los Efesios, deja claro que la salvación viene por la gracia de Dios, favor gratuito e inmerecido de Dios, y que nada depende de nosotros para obtenerla ya que es un regalo. Especifica claramente que no se puede obtener por obras humanas solamente puesto que es un acto de su bondad y grandeza. Todo énfasis de la salvación está puesto en Cristo que es el objeto de la fe y no en la cantidad de ésta.

Debemos tener muy claro que la obra de la reconciliación viene de Dios, no de nosotros. Es Él quien nos ha tendido la mano para salvarnos cuando nosotros nos hemos separado de él por el pecado.

En resumen, solo Dios salva, pero para ello nosotros estamos supeditados a tener fe en Cristo Jesús y a la gracia de Dios.