¿A quién debemos orar?

Todo buen cristiano conoce la importancia que tiene la oración y sobretodo su poder pero, ¿a quién debemos dirigir nuestras oraciones? ¿Al Padre, al hijo, nuestro amado Señor Jesucristo? ¿O al Espíritu Santo?

Independientemente de los roles de cada una de estas tres personas, al ser consideradas un solo Dios, ¿a quien de ellos deberíamos dirigir, de forma correcta, nuestras oraciones?

Para encontrar una respuesta debemos acudir a las Escrituras, concretamente a
Lucas 11:1-2 «Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra»

“Padre” En este pasaje de Lucas ya tenemos la primera pista. El propio Jesucristo es quien nos sugiere al enseñarles a orar a quien deben dirigir las oraciones: al Padre, al sumo creador de todas las cosas, y a demás, refuerza su deidad, su poder especificando que “se haga su voluntad tanto en tierra como el cielo” Jesús está reconociendo al Padre como el que tiene el poder sobre ambos medios: cielo y tierra y da a entender que es quien maneja estos medios, no solamente los ha creado, también tiene el dominio total sobre ambos.

En Juan 16:23 podemos leer: «… De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará».

Aquí Jesús vuelve a reafirmar la importancia del padre y de nuevo nos dice que es a Él a quien debemos dirigir nuestras oraciones y que si lo hacemos en nombre de Jesús, nos lo concederá. Con ello deducimos dos cosas: la primera que Dios Padre es a quien debemos dirigir nuestras oraciones y segunda que Jesucristo es tan importante en este proceso como el hecho de orar, es decir: si deseamos que nos sea concedido lo que pedimos, debemos hacerlo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Pero en muchas ocasiones puede que no sepamos como pedir las cosas, o qué forma es la más adecuada de hacerlo y es por ello que entra en juego el tercer ángulo de la Santísima Trinidad: El Espíritu Santo.

Romanos 8:26 «Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles».

El Espíritu Santo, conociendo nuestras necesidades intercede por nosotros ante Dios Padre para pedirle por nuestras necesidades incluso sin que nosotros sepamos aún cuales son éstas.

Pero no solamente los seguidores de Cristo nos beneficiamos de la ventaja de la oración a través de Cristo Jesús, también los judíos, pues por la salvación de todos entregó su vida:

Efesios 2:18 «Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre».

Todos podemos llegar al padre a través de Jesucristo.