La gracia de Dios

Mucho se habla de la gracia de Dios, sobretodo de la necesidad de ella para ser salvos pero muchas veces no comprendemos en que consiste, de que se trata, de quien depende y qué podemos hacer nosotros para conseguirla.

La palabra gracia proviene de la palabra griega «χάρις» (charis), que significa «favor, bendición o bondad». Podríamos resumir en palabras sencillas la gracia de Dios como el favor que nos otorga o la generosidad que nos concede por que Él quiere hacerlo, sin estar supeditado por nosotros.

«En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con dominio propio, justicia y devoción». Tito 2:11-12

Si analizamos este versículo de Tito observaremos primero que la gracia proviene de Dios: «Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia»; Que la Gracia es para toda la humanidad: «(…) a toda la humanidad su gracia». Que la gracia es salvación y nos enseña a rechazar la impiedad y pasiones mundanas, es decir, nos aparta de todo aquello que es mundano y no agrada a Dios como los vicios, el pecado, la envidia, el odio, etc.: «(…) la cual trae salvación y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas». Y para finalizar nos dice que, de este modo, a través de la gracia podremos vivir como le agrada al Padre: Lejos de las pasiones mundanas, es decir con dominio propio sin estar dominados por vicios y el pecado y por ello con justicia y devoción.


Habiendo analizado con detalle este versículo deducimos que la gracia de Dios es divina, que proviene de Él y que es un regalo para el hombre y que trata de mejorar nuestras vidas y conducirnos en el camino de la vida eterna. «Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe. Esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios y no por obras, para que nadie se jacte». Efesios 2:8-9

«Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!» Ef 2:4-5

Dios sabe perfectamente que somos pecadores, que nos cuesta apartarnos del camino del mal y seguir el que nos ha marcado hacia Él y a pesar de ello, por su amor por nosotros nos dio a Cristo para que con su muerte en la cruz también murieran nuestros pecados, y todo ello lo hizo por gracia, por que nos quiere. Todas estas acciones de Dios es los que llamaríamos la gracia de Dios.

También vemos su gracia por que nos ha escogido (llamado) a una vida santa, a una vida basada en su amor, mandamientos y preceptos, y ello es posible por la gracia de Dios, no por lo que nosotros podamos hacer. El ser humano podrá hacer mil cosas para conseguir el agrado de Dios, pero solamente de Él depende que nosotros recibamos su gracia.

Dios, al haber existido desde siempre, incluso antes de todos los tiempos, ya sabía que nos iba a conceder la gracia de Cristo Jesús.

«Pues Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia. Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo». 2Tim 1:9

En resumen, diremos que la gracia de Dios es un regalo suyo, que nada podemos hacer para conseguirla puesto que depende íntegramente de Él y que su función es la de ayudarnos, conducirnos, en definitiva: darnos aquello que necesitamos.

Albert Sabater Pla