Albert Sabater Pla

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Albert Sabater Pla

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Investidura pospuesta.





El patio está revolucionado.
Para unos, la decisión de Roger Torrent, President de la mesa del Parlament, de aplazar la investidura es un error. Para otros, en cambio, una jugada maestra.
Los sentimientos están a flor de piel. La indignación se respira en las redes, en los bares, en las conversaciones entre amigos, y en cada una de las manifestaciones que se convocan tanto por parte de las entidades civiles como de forma espontánea.

Pero, ņQuién tiene razón? ņCuál es la mejor opción, el mejor camino, la mejor jugada?
Todos sabemos como las gasta el ejecutivo de Rajoy, que ha dejado claro que está dispuesto a todo, a tanto, que incluso es capaz de pasarse por el arco del triunfo el estado de derecho, la ley y la decencia política y constitucional si con ello consigue sus objetivos. Ya todo le da igual, el silencio de Europa le ampara en su locura judicial y la brutalidad y despropósito de sus brazos ejecutores.

Ayer, la investidura del MHP Carles Puigdemont solamente se hubiera podido llevar a cabo de forma telemática. Su presencia física en el Parlament era y es algo  imposible, por lo menos en estos momentos en los que la alienación del ejecutivo espaĖol funciona a pleno rendimiento.

Cualquiera de las opciones que hubiera podido tomar Roger Torrent, es incierta. Lo que está claro es que investir a Puigdemont sin que estuviera presente hubiera desencadenado una nueva vorágine de demandas, impugnaciones y desautorizaciones por parte del politizado Tribunal Constitucional. Un tribunal, que, no nos engaĖemos, está al servicio no de la nación espaĖola, si no de un partido político en concreto. Tumbar al president Puigdemont, hubiera supuesto una nueva victoria para el 155
Ayer, investir a Puigdemont era un suicidio. Sin duda se hubiera hecho uso nuevamente de la represión y la fuerza ante aquello que no han podido ganar en las urnas.

Hay que tener claros los conceptos y los tiempos. El enemigo no es ni Roger Torrent ni Esquerra Republicana, el verdadero enemigo de Catalunya es el 155 y los impulsores del mismo.
EspaĖa está nerviosa, y mucho, ve como la “teta de oro” se le está escapando de las manos y como sus políticas represivas y brutales no están surgiendo el efecto esperado. Se han encontrado ante un pueblo unido en un mismo sentido a pesar de sus diferencias ideológicas, y contra ello no saben como luchar. Lo único que les queda es la división. Divide y vencerás, y es la única arma que les queda ya para vencer a los independentistas.

Restablecer el Govern legítimo sería lo ideal, una bofetada a dos manos a la soberbia, chulería y supremacía espaĖola, pero hoy por hoy, lamentablemente no es posible. Se entraría en un bucle sin fin de investiduras fallidas avaladas por el equipo A del unionismo: PP-PSOE-Cęs

Hay que avanzar, sin duda. Si la investidura de Puigdemont no es posible, el pueblo de Catalunya merece tener un Govern, y a mi modo de ver hay dos opciones.
La primera pasa por elegir un candidato alternativo “que le parezca bien a Madrid”. Con ello se podrá formar gobierno, y recuperar parcialmente las instituciones, pero que no le quepa duda a nadie, Catalunya no volverá jamás a la situación que vivía antes de la aplicación del artículo 155. Los presupuestos serán controlados por Madrid hasta el final de los tiempos bajo la castiza excusa del “no sea que se les vuelva a ocurrir…”
Esta opción, permitiría al independentismo reorganizarse, crear nuevas estrategias, movilizar la militancia de forma más efectiva para ampliar la distancia de cara a unas futuras elecciones. Recordemos que si hay gobierno, hay la potestad de convocarlas cuando el nuevo President lo desee y ello podría ampliar ese 47% a una mayoría muchísimo mayor.

La segunda opción es sin duda la que desea el “grueso” del independentismo: la acción práctica de la implantación de la república, lo que sin duda llevaría a un choque no solamente institucional, también entre la sociedad catalana.
Los hechos del pasado uno de octubre podrían volver a repetirse, pero esta vez con una respuesta por parte de la sociedad civil imprevisible. Violenta o no.

Posponer la investidura no es una derrota, hay que saber leer entre líneas y sobretodo alargar la mirada al futuro. Precipitarse no traerá beneficios, hay que actuar con inteligencia, anticiparse a los despropósitos judiciales del ejecutivo del PP.
Hacer efectiva la investidura hubiera conseguido que se acusara al President de la Mesa de estar a merced de los “radicales” de la CUP y de un solo hombre que ha salido “por patas” y vive exiliado en Bruselas.
Si la hubiera suspendido (recordemos que la ha “aplazado”) se hubiera acusado a Esquerra Republicana de sucumbir y arrodillarse al 155.  
EspaĖa se encuentra en un callejón sin salida. Merkel ya advirtió que se debe respetar los resultados de las elecciones del 21 de diciembre, que se forme gobierno, se respete la constitución y el estado de derecho. Veremos como actúa cuando consiga formar gobierno en Alemania.

Nadie ha dicho que conseguir los objetivos independentistas iba a ser fácil. Estamos viviendo un momento histórico, pero a la vez complicado y difícil por que el estado espaĖol no está dispuesto al diálogo, si no a la imposición y a hacerlo por la fuerza.
Ante ello cabe la inteligencia, la tranquilidad… no perder los nervios, por mucha indignación, rabia y frustración que se pueda albergar, y recordar que el enemigo no es ni Roger Torrent ni Esquerra Republicana, el enemigo de CataluĖa es el 155.