Albert Sabater Pla

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Albert Sabater Pla

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ÀFeliz lavidad en el comercio?.





El disparo de salida a la campa–a navide–a de este a–o lo ha dado una vez mas el Òblack fridayÓ.
Casi no nos hemos dado cuenta, pero en la mayor’a de grandes establecimientos y calles comerciales ya cuelgan luces de colores y adornos para amenizar e incrementar el esp’ritu navide–o, o mejor dicho, el esp’ritu comercial.

Este mismo domingo, muchos comercios abrir‡n sus puertas para Òfacilitar las compras a sus clientesÓ, para facilitar que sus clientes tengan mas horas para deshacerse de esos billetes que tanto les ha costado ganar.

Mas horas de apertura, mas d’as para comprar, mas d’as para gastar dinero.
En el otro lado del mostrador, la contra: menos conciliaci—n familiar, sobrecarga de trabajo, aumento de las exigencias laboralesÉ
D’as de oro para los empresarios, d’as negros para los trabajadores del comercio que se ven obligados en la mayor’a de los casos, a trabajar s‡bados, domingos y festivos, mientras sus familias continœan el ritmo normal de sus vidas. Y casi siempre sin una retribuci—n econ—mica extra que compense lo extraordinario de la situaci—n.
Llegar tarde a las fiestas familiares, perderse las t’picas funciones navide–as de sus hijos, no estar presente en momentos clave hogare–osÉ En definitiva, no disfrutar de la navidad como hacen los dem‡s. Todos estos inconvenientes le salen gratis al empresario, siendo el trabajador quien paga el precio mas elevado: un tiempo, unas situaciones y momentos que no volver‡n.

La estrategia comercial para captar la compra innecesaria es feroz: facilidades de pago que conducen a un mayor endeudamiento, promociones y descuentos ligados a comprar masÉ cualquier estrategia es buena para invitar a un consumo extraordinario, a derrochar lo que muchos realmente no pueden o no deben dilapidar.

La navidad ha perdido toda su esencia, si para los creyentes era un tiempo para compartir, de reflexi—n, de reconciliaci—n con Dios, de recordatorio de lo mandado con el ejemplo del Salvador y para los que no creen un momento de reencuentro, de reconciliaci—n familiar, hermandad, cenas laborales y familiares fraternalesÉ se ha convertido para muchos en una Žpoca de consumo sin freno, comprar por comprar y adquirir cosas que en muchas ocasiones ni se necesitan ni se desean realmente. Consumo, consumo, consumoÉ Comprar, comprar, comprarÉ
Regalar algo mas caro, una marca mejor, lo œltimo y mas caro en tecnolog’a, demostrar mas poder adquisitivoÉ Mi regalo es mejor y mas caro que el tuyoÉ
La estupidez humana no tiene l’mitesÉ

La ambici—n de algunos empresarios por el beneficio econ—mico no acaba revertiŽndose en la sociedad en forma de impuestos. Algunas de las empresas est‡n ÒliberadasÓ de pagarlos. Otras directamente no tributan en territorio espa–ol, con lo cual, este ÒexcesoÓ comercial no se refleja en modo alguno en los ciudadanos.
Como siempre, el beneficio se lo lleva el mas fuerte, a costa del arduo trabajo de los empleados que son quien al final condicionan sus vidas, su familia y su tiempo para poder sobrevivir por un sueldo que suele ser mas ’nfimo de lo que muchos creen.

Para los trabajadores del comercio, el esp’ritu navide–o termina con el inicio de la campa–a.

ÀFeliz navidad para el comercio?