Albert Sabater Pla

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Albert Sabater Pla

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El ciudadano Felipe y el MWC.





Si regaĖas a tu hijo, durante un tiempo va a sentirse herido, aunque tengas razón.
Si tratas mal a tu pareja, es lógico que se aleje de ti.
Si peleas con un amigo, aunque no sea físicamente, es normal que no quiera continuar con la amistad.

Lo que le ocurrió ayer al ciudadano Felipe, no es mas que el resultado de sus propias acciones, o quizás, mejor dicho: la consecuencia de las mismas. De sus desafortunadas acciones.

Tanto dentro como fuera de CataluĖa, incluso de EspaĖa, las críticas al discurso que realizó el 3 de octubre en contra del derecho a decidir ejercido el pasado 1 de octubre en forma de referéndum y la justificación de la desproporción de la fuerza ejercida por la Policía y Guardia Civil fue un error, un fracaso y para algunos, muchos, incluso un insulto y una humillación para un pueblo que desde el minuto uno ha demostrado ejercer su fuerza democrática de forma pacífica a pesar de las provocaciones, humillaciones e insultos recibidos por parte de administraciones estatales, personajes públicos y ciudadanos que se esconden tras la cobardía del anonimato de las redes sociales.

No hubo empatía, reconciliación, justificación sana y sincera, todo lo contrario.

No puedes esperar que te quieran aquellos a los que no has tratado bien. Aquellos a los que obvias sus derechos mas fundamentales, y menos aún justificando la dureza judicial, plenamente injusta.
Aplauden los de siempre. Amenazan los mismos.

Ayer, el ciudadano Felipe, volvió a vivir en su propia persona que Catalunya va un paso por delante, que no sucumbirá a las amenazas, a las humillaciones, a los intentos de silenciarla, a la violencia de aquellos que ejercen la fuerza por encima de la razón.

Ayer, el ciudadano Felipe volvió a desaprovechar la oportunidad de hacer su verdadero papel: el de mediador, de hermanamiento, el de conciliador, para adoptar, de nuevo, el del golpe sobre la mesa, el del aquí estoy yo, el de hay que cumplir la ley, pero no todos, el del ordeno y mando, el del besamanos…
La defensa de los derechos no se puede hacer coartando la de los demás, por que entonces, se convierte en imposición y con la imposición se termina la democracia y empieza la dictadura.

Las pitadas de ayer, guste o no guste, fueron el máximo símbolo de la libertad de expresión. Los ciudadanos están cansados de ver como se suprimen sus derechos, se toman sus instituciones por la fuerza, se encarcela a los políticos que han elegido de forma democrática, de ver como la justicia es politizada…

Ayer el ciudadano Felipe, en mi opinión, volvió a equivocarse y esta vez con su silencio.