Albert Sabater Pla

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Albert Sabater Pla

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Despierta y lucha.





Sin duda, uno de los temores mas grandes que tiene cualquier oligarqu’a, sea empresarial, gubernamental o de otra ’ndole, es que aquellos que est‡n bajo su influencia, tengan una conciencia activa, propia, que piensen y se atrevan a cuestionar el poder, la influencia y la injusticia que dicha oligarqu’a ejerce sobre ellos.

A pesar de vivir en la era de las telecomunicaciones y que una noticia, por irrisoria que pueda ser, atraviese el mundo entero en apenas unas horas llegando a miles, incluso millones de personas, el pueblo llano, el obrero y el trabajador vive aborregado, idiotizado bajo la influencia que los gobiernos, empresarios y poderosos ejercen sobre ellos, soportando el yugo de un sistema capitalista y manipulador que no ha sabido, o querido, respetar a las clases mas desfavorecidas, si no que se ha servido de ella para perpetuar y engrandecer su poder en muchos casos esclavista.

Hoy disfrutamos de muchos derechos gracias a las luchas encarnizadas que protagonizaron nuestros abuelos y bisabuelos. Nuestra vagancia, miedo, quiz‡s estupidez y sin duda desidia est‡n permitiendo que nos sean robados, arrancados de nuestras manos sin resistencia alguna por nuestra parte, convirtiŽndonos en una vergŸenza para la memoria de todos ellos y una deshonra para los que perdieron la vida y los que se arriesgaron para que nosotros hoy podamos disfrutar de unas jornadas laborales de 8 horas, vacaciones en verano, sueldos regulados, reconocimiento sindicalÉ

Pero quiz‡s lo mas grave, lo mas inveros’mil, es ver como los colaboradores del yugo esclavista de este sistema desalmado y sin freno racional, forman parte de los que viven bajo la bota que aplasta al pueblo, acallando las injusticias individuales o colectivas e invitando a soportar los abusos de los gobiernos y empresarios con la colaboraci—n, cabe decirlo, de unos sindicatos de lengua marr—n que permiten que esta oligarqu’a conserve el poder sobre el pueblo, el trabajador, el individui y se nutra de ella, perpetu‡ndose generaci—n tras generaci—n

Sin organizaci—n no puede haber lucha, y sin lucha la derrota est‡ asegurada, siendo el miedo el mejor aliado del cobarde, del inactivo, del que solamente se queja pero no est‡ dispuesto a luchar para por lo menos, conseguir mantener los derechos conseguidos por nuestros ancestros.

Son las guerrillas, los peque–os comandos y las incursiones silenciosas las que suelen conseguir objetivos t‡cticos mas importantes y de forma mas eficaz. El pueblo debe organizarse, activar sus instintos de supervivencia y defensa para vencer ese miedo que lo mantiene paralizado, un miedo que en definitiva es la œnica arma de la oligarqu’a, para derrotarla en beneficio de una sociedad mas equitativa, mas justa y con las mismas oportunidades y derechos para todos.

Los partidos pol’ticos y los sindicatos tradicionales ya no defienden de forma efectiva y real los derechos de los trabajadores y los ciudadanos, sino los suyos propios y la de aquellos que les son afines.
Durante a–os hemos sido testigos de c—mo uno a uno cambiaban sus chaquetas de pana por una puerta giratoria para su propio beneficio, olvidando las consignas de camarader’a, igualdad y lucha que lanzaban al aire.

Los grandes sindicatos se han aburguesado, se sienten c—modos en sus espacios de poder y econom’a llegando incluso a tomar decisiones y cerrando pactos en nombre de muchos que benefician solamente a unos pocos, siendo incluso, a veces, contraproducentes para los trabajadores y ciudadanos para beneficiar a empresas y gobiernos.

Pero la sociedad continœa estœpidamente en silencio, vergonzosamente inactiva, d—cil y servil sumida en el miedo e incapaz de perderlo para conseguir ya no nuevos derechos, sino conservar los que pose’a.