Albert Sabater Pla

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Cien d’as de vergźenza.





Ayer, 6 de Febrero de 2018 se cumplieron cien d’as del exilio de Carles Puigdemont y los 4 Consellers que le acompa–an en BŽlgica: Clara Ponsat’, Meritxell Serret, Toni Comin y Llu’s Puig.

Si la desproporci—n del d’a uno de octubre nos pareci— una barbaridad irracional, durante este tiempo hemos sido testigos de c—mo la ferocidad, crueldad y atrocidad del ejecutivo de M.Rajoy alcanzaba l’mites insospechados. Un ejecutivo que ha admitido sin rubor, vergźenza o bochorno que ser‡ capaz de lo que sea con tal de mantener la sacrosanta unidad de Espa–a, sin caer en la cuenta, que ya ni es sacrosanta, ni es unidad. Por lo menos dentro de los c‡nones que entendemos como democr‡ticos.
ŇLo que seaÓ ŔHasta d—nde llegar‡ ese Ňlo que seaÓ?

Si a todo ello le sumamos el esc‡ndalo judicial al que se han enfrentado, y de hecho se siguen enfrentando, Oriol Junqueras, Joaquim Forn, Jordi Cuixart y Jordi S‡nchez, la definici—n de la situaci—n es mas que evidente, perdiŽndose el significado del estado de derecho d’a a d’a, sentencia tras sentencia sin que al parecer a nadie le importe.

Que un presidente elegido democr‡ticamente viva exiliado bajo la amenaza de c‡rcel por haber llevado a cabo un mandato surgido de las urnas, no puede llamarse democracia.
Que no se conceda la libertad a unos hombres encarcelados por que siguen pensando que la independencia es factible, no puede llamarse democracia.
Que un estado manipule, presione e interceda sobre el poder judicial para que actśe a su antojo no puede llamarse democracia.

Cien d’as de vergźenza democr‡tica.
Cien d’as de injusticia social, humana, familiar.
Cien d’as de abuso de poder, de manipulaci—n judicial.
Cien d’as de prepotencia, de chuler’a, de insulto, descalificaciones, humillaciones.
Cien d’as sin el padre en casa, el esposo, el hermano, el amigo.
Cien d’as de tristeza, cien d’as de desesperaci—n familiar.
Cien d’as sin justicia imparcial.