Albert Sabater Pla

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ÁCallarse, co–o!





ÁCallarse, co–o!

Esta frase podr’a encuadrarse perfectamente en el di‡logo de una pel’cula de Berlanga de aquellas en blanco y negro que mostraban los a–os grises y oscuros que atraves— Espa–a.

Hoy, mas de cinco dŽcadas despuŽs de estas peculiares pel’culas (y realidades), da la sensaci—n que el concepto de esta frase vuelve a la palestra, a estar tan presente como entonces. El gobierno espa–ol parece dispuesto a silenciar a todo disidente, cr’tico, opositor o detractor de su forma de gobierno.

Con los opositores pol’ticos lo ha intentado encarcel‡ndolos de forma preventiva a pesar de que juristas y expertos han manifestado su desacuerdo.
Pero lo que quiz‡s produce mayor estupor no solamente entre nuestra sociedad, tambiŽn en la europea, es la imposici—n de la ley mordaza, la ley silenciadora de opiniones entre la sociedad civil.
Profesores imputados, tiras c—micas que deben ser justificadas ante jueces, Tuits ir—nicos considerados delitos, libertad de expresi—n coartada bajo amenaza judicialÉ

Muchos son los que, sin nunca antes haber ofendido a nadie, empiezan a medir sus palabras con mesura y miedo de ser objetivo de la justicia espa–ola. Una justicia que parece haber olvidado los principios b‡sicos de las libertades b‡sicas del ser humano como son la libertada de expresi—n.

Pero esta coartaci—n de libertades parece poner cerco no solamente a aquellas reacciones y opiniones delictivas, si no a cualquier tipo de opini—n que se aleje del pensamiento comœn de la unidad de Espa–a.
Los profesores ya no pueden proponer a debate en sus aulas cuestiones que puedan poner en entredicho las actuaciones policiales del pasado uno de octubre. Las revistas humor’sticas son vigiladas de cerca y llevadas a declarar ante jueces por cuestiones sat’ricas.

El cerco a la libertad de expresi—n parece no tomarse descanso alguno con todo aquello que huele a secesionismo. En cambio, con lo relativo al fascismo creciente que vive Espa–a no parece comportarse de la misma manera: Mientras la prensa europea se rasga las vestiduras con los actos falangistas y fascistas de algunos grupos, la justicia espa–ola parece sufrir de ceguera selectiva.

ÀD—nde queda el estado de derecho? Parece que el desequilibrio ya supera el Òme gusta o no me gustaÓ la broma, el art’culo o la tira c—mica. Parece que el embudo de la justicia solamente se aplica hacia una parte de ese humor, de esa libertad de expresi—n. Hemos visto como desde foros de la Guardia Civil se emiten mensajes impropios de un cuerpo policial que se supone que debe ser neutral y proteger a todos los ciudadanos. A todos, independientemente de sus ideolog’as y formas de pensar. Manifestaciones fascistas en las que se permite ondear banderas pre-constitucionales, saludos propios del nazismo, peleas, insultosÉ sin que ello pase por ese embudo.

El mundo al revŽs: se premia al canalla y se sanciona al justo.

ÁCallarse, co–o! Pero que callen solamente aquellos que a mi me interesa.
ÁCallarse!, pero solamente aquellos que opinan distinto a la m‡quina constitucional.
Ácallarse!, pero solo si me ridiculizan o se burlan de mi, de los otros pueden hacerloÉ

ÀA d—nde vas, estado de derecho?